En este año de la pandemia, el encierro, las restricciones y la falta de movilidad hicieron que muchos nos quedáramos sin poder tener acceso a otras comunidades o viajar a lugares como La Antigua Guatemala (Ciudad colonial que está a 45 minutos de viaje en automóvil desde la ciudad de Guatemala).
Ahora que ya abrieron las fronteras entre departamentos, aprovechamos con la familia a dar una vuelta en automóvil en una tarde soleada con sus cielos azulados. Al llegar a la ciudad colonial encontramos dos escenarios que nos llamaron la atención. Uno muy agradable y otro triste. Uno bueno y otro malo.
Encontramos una Antigua soleada en una tarde junto a las perpetuas rosas y el esplendor de sus volcanes que contrastaban con el colorido de sus paredes y casas coloniales. Un lugar en donde la tranquilidad, la limpieza y el orden prevalecían. Un lugar con espacios abiertos como era La Antigua a la antigua, la de antes. Sin la influencia del siglo veintiuno, la de consumo, comercios por doquier y un sinfín de turistas nacionales y extranjeros. Un lugar sin bullicio.
En realidad, un lugar tranquilo y agradable. Por obvias medidas sanitarias y por las recomendaciones de las autoridades únicamente nos bajamos a comprar unos dulces típicos y unos tamales antigüeños.
Del otro lado de la moneda encontramos una Antigua con la gran mayoría de sus comercios cerrados, por lo menos la mitad. La recesión económica que vino como consecuencia de la pandemia toco las puertas de la ciudad colonial y al parecer llego para quedarse por algún tiempo. Hoteles, restaurantes, agencias de viajes, escuelas de español, y empresas de artesanías cerradas.
Los letreros de “Se vende” o “Se renta” en las puertas de los locales comerciales están por doquier, este es el lado triste, lo malo que está pasando allí.
Siempre hay personas admirables que nos enseñan grandes lecciones de vida. Encontramos a dos señoras de la tercera edad que tomando todas las medidas sanitarias tenían sus puestos de venta de dulces típicos frente a sus casas, endulzando un poco la amargura de esta nueva realidad para muchos antigüeños, para muchos guatemaltecos.
Personas que en el transcurrir de los años han aprendido el valor de la resiliencia y que a pesar de su larga edad estaban de pie junto a sus negocios sacando la labor del día. Cuantos de nosotros ya desde hace rato hubiéramos tirado la toalla ante la adversidad.
les compramos los deliciosos dulces típicos antigüeños a las dos y después de realizar la compra nos dijeron lo siguiente: “Por su buena compra, les obsequiamos un dulce adicional ¿Cuál quiere? Esto como un gesto de agradecimiento. La valía, el tesón y la costumbre en La Antigua a la antigua, como era antes.