La pandemia del nuevo coronavirus vino a hacer estragos familiares, personales, con vidas y sobre todo con la salud de miles de personas, y, hasta el día de hoy todos estamos en “jaque” frente a este desafío sin precedentes en nuestras vidas.
Estuve pensando acerca de los términos “prevenir” y “postergar”; dos conceptos que debieran estar presentes en nuestra vida en esta “nueva normalidad” y que nos dejan grandes lecciones.
El termino “prevenir” significa: tomar precauciones o medidas por adelantado para evitar daño, un riesgo o un peligro.
Creo que esta crisis nos ha enseñado a ser previsores mas que nunca con todos las medidas de bioseguridad para el bienestar de todos en nuestras familias. El distanciamiento social, uso de mascarilla, lavado de manos, quedarse en casa y evitar visitar lugares que pudieran ser de riesgo para nuestra integridad y salud.
Creo que estas medidas de prevención dan resultados positivos y todos como sociedad nos hemos dado cuenta de su eficacia. “La prevención”.
Por otro lado, esta crisis sanitaria nos ha enseñado otra lección de vida. “No postergar”.
El termino “postergar” significa: dejar una cosa para hacerla después de otra que se tenia previsto realizar.
Cuantos de nosotros postergamos actividades, cosas, viajes, visitas, el perdonar a alguien, metas, etc.…pensando que tendríamos toda la vida, una larga vida para realizar todo aquello que anhelamos y ahora nos damos cuenta de que nuestros días sobre esta tierra los tenemos contados, hoy más que nunca.
Postergamos comprar el carro que siempre deseamos, aquel viaje, saborear la comida que nos encanta, usar la loción todos los días, aquella que guardábamos para eventos especiales. Quien sabe si llegaremos al día de mañana para disfrutar de la vida.
Postergamos visitas, ahora llamadas o videoconferencias al amigo, postergamos la disculpa para hacer las paces con quien nos ofendió u ofendimos, postergamos dedicarle tiempo a la familia, un retiro placentero, disfrutar de una buena lectura, de desarrollar algunos hobbies, de ayudar al necesitado. hagámoslo antes que sea demasiado tarde.
Con esto no quiero decir que debemos despilfarrar; si bien es cierto, ser previsores para anticipar cualquier imprevisto en la vida es de sabios.
Nos encontramos entonces en esta nueva era, en la batalla entre “La prevención” y “La postergación”, una lección que nos invita a ser precavidos por una parte y por otra a no postergar y privarnos de los gustos de la vida, de hacer una buena obra, ¡En vivir la vida! No sea que luego sea demasiado tarde.