Vivir en la misericordia de Dios es vivir en la incertidumbre, es vivir en las manos del todo poderoso con plena confianza que todas las provisiones y gracias llegan no a tu manera sino a la manera de Dios.
Es cuando las aparentes seguridades “terrenales” de la vida como lo son un trabajo seguro, bienes, posesiones y riqueza que son tan pasajeras están de más.
Que frágil es la vida y tan cambiante. Hoy se esta aquí, mañana allá. Hoy se esta arriba, mañana abajo, todo es pasajero en la vida. Mas la misericordia, el bien y el favor de Dios son eternos.
De un tiempo atrás para la fecha empecé a vivir bajo la misericordia de Dios. De acuerdo con un contexto etimológico la misericordia de Dios es “la inclinación de sentir compasión por alguien y ofrecerle ayuda, es decir la inclinación de Dios hacia los seres humanos”.
Cuando se vive por la misericordia, se vive sintiendo, viviendo y recibiendo la compasión y la ayuda del todo poderoso. Ya no se hacen esfuerzos titánicos por controlar todo, o recibir todo por tu “propio esfuerzo” sino que se fluye con la vida. Se espera la intervención de Dios en la vida.
Se empieza a vivir desapegado de los afanes de la vida y siempre en espera de la providencia divina. Acontecimientos sorprendentes empiezan a suceder. La bondad y caridad de las personas se empieza a hacer latente en el caminar por la vida.
Los peligros de la vida empiezan a desaparecer. La protección divina se manifiesta. El miedo se suplementa con el amor, el amor de Dios el que esta como una lupa al cuidado.
La gracia aparece y existe un sentimiento de que todo lo que sucede, sucede para tu propio bien. En tiempos de necesidad y calamidad, las provisiones abundan. Es un escudo protector el que te cubre.
La misericordia de Dios se recibe abriendo el corazón, hacia una posibilidad, la posibilidad de Dios. Abandonándose en las manos de Dios para que esta fuerza empiece a obrar a tu favor. Invocando su nombre y estando en constante plegaria petición y oración y empezando a cumplir el mandamiento máximo: El mandamiento del amor.
“Amaras al prójimo como a ti mismo” con todas sus implicaciones. Si bien es cierto que Dios es un Dios incondicional y se complace en darnos sus favores y gracias a todos. Dios quiere lo mejor para ti.
La confianza, la fe y la esperanza en que su misericordia llega atrae aun mas las gracias de Dios. Cuando se vive bajo el bien y la misericordia de Dios, la angustia, la preocupación y el miedo desaparecen y se suplementa con la paz, todo lo que pasa, pasa para tu propio bien.
Se sabe que las pruebas de la vida que llegan tienen un propósito y que a su tiempo Dios se manifiesta tarde o temprano.