—¿Lo puedes ver Jefferson? — Replico Charlie. —Si lo veo, parece un humano con una cabeza enorme. — Asintió Jefferson. Sentados sobre una silla giratoria y con la vista al frente de la ventana elíptica y flotando adentro del Apolo 5, se encuentran asombrados. La faz de la tierra a un costado izquierdo y la inmensidad del universo hacia la derecha.
En medio un cuerpo celeste diminuto, que para el observador parecía cercano, muestra a lo lejos un movimiento en su superficie similar al de los humanos. Charlie llega flotando a tomar el control de la nave, mientras Jefferson hace las conexiones comunes de un astronauta para darle movimiento al armatoste.
—¡Vamos Jefferson! Tenemos que llegar y saber de qué se trata todo esto— dice Charlie. La nave toma un giro hacia la derecha con una inclinación de quince grados y con rumbo hacia el cuerpo celeste.
Pasa el tiempo y se aproximan cada vez más a su destino. En las afueras a lo lejos los rayos del sol aparecen eclipsados por la faz de la tierra. La nave desciende en una superficie casi lunar.
Al abrir la puerta, se devela la incertidumbre: edificios octogonales hechos de materiales ultra resistentes. Pero al mismo tiempo se abre una nueva interrogante ¿Y los cabezones con similitud a humanos dónde están?
Jefferson y Charlie bajan de la nave y empiezan a caminar sobre la superficie del cuerpo celeste. A lo lejos encuentran un uniforme parecido al de un salubrista en pleno hospital de emergencias, el traje era plateado y estaba tirado sobre el piso arenoso.
Los indicios continúan y cada vez más las evidencias se asoman, ¿Extraterrestres?
Caminan por este nuevo ambiente espacial y de repente aparece un ser viviente con una pistola que lanza rayos ultravioletas. El extraterrestre se acerca y saca un aparato similar a un teléfono celular. Lo pone frente a ellos y empieza a hablar:
—Terrícolas, Jefferson Andrews y Charlie Stovel, estadounidenses—dice mientras lee en el aparato.
Continúa hablando y dice: —miembros de la expedición espacial de Apolo 5, de tez blanca y pelo castaño—
Charlie y Jefferson se quedan asombrados. El sentido común les dice que los extraterrestres tienen todo un sistema de monitoreo de los terrícolas.
Charlie se dispone a hablar y dice: — Y tu ¿Quién eres? —el extraterrestre responde – Soy Centauro miembro de la colonia espacial Beta. Estoy programado para cuidar el planeta Centurión.
Y les dice: — Están arrestados, entraron a un área prohibida para los terrícolas. — El cabezón los levanta con gran fuerza por détras sin que Charlie ni Jefferson puedan hacer nada. Desaparecen del radar de la tierra y la estación espacial pierde contacto con ellos.