He vivido por ya 14 años bajo la misericordia de Dios, del Altísimo, del Eterno. Hace algunos años escribí un ensayo llamado ¿Qué significa vivir bajo la misericordia y el bien de Dios?
Hace algunos días de madrugada medite de nuevo acerca del significado de “Vivir bajo la providencia, el bien y la misericordia de Dios” Y es que vivir así es a veces un “misterio y un milagro” a la vez.
Es vivir en el abandono, eso sí, en aquel “Abandonarse” en las manos de Dios. Es decir, haciendo todo lo que este a mi alcance para lograr lo que mis posibilidades, recursos y esfuerzo puedan hacer y “abandonarse” en Dios, el universo, el eterno con lo que parece imposible.
El más grande de los apóstoles ya lo decía “Es la certeza de lo que no se ve” y si observamos detenidamente la vida, muchas veces esta, nos pone entre la espada y la pared. El todo poderoso pareciera que nos dijera “crees o no crees” “tienes fe o no la tienes”.
Lo que queda y que no es opcional es “creer, tener plena confianza y fe” en que todo es dado por “providencia”. El universo, Dios, el eterno, sin ningún esfuerzo muchas veces es quien da esa provisión por medio de acontecimientos y personas.
También es cierto que abandonarse requiere de valentía y coraje. Todo o nada. Oscuridad o luz. Fe o incredulidad. Y es que uno puede preguntarse con justa razón, ¿Y si todo me sale mal? Y si la providencia no llega. Y el gran maestro nos dirá “Mas buscad el Reino de Dios, y, todas estas cosas os serán añadidas”.
Es pues como dice aquel refrán “Haz el bien y no mires a quien” muchas veces significa “dar sin esperar nada a cambio”. Y el maestro también nos dirá “Los misericordiosos recibirán misericordia”. Mas buscar la justicia, no solo haciendo lo correcto y dándole a cada quien lo suyo, sino buscar el Reino de Dios que es dar e irradiar amor, compasión y misericordia. Lo sabían los grandes santos, es así.