Es el nacimiento del Redentor, es una luz de esperanza, es el abrazo de un amigo, la llamada de un familiar o simplemente una noche de espera y de tranquilidad.
La Navidad representa para el mundo occidental una tradición cristiana en donde se conmemora el nacimiento de Jesucristo, quien ha venido a salvar y perdonar las faltas de los justos, injustos y también los indiferentes y los santos. A todos por igual.
Recordar Navidad es a veces recordar aquel encuentro único de familia a quienes quizá nunca más volvimos a ver. Es en Guatemala, un tamal colorado o un tamal negro para algunos, para otros es un pavo horneado de la receta de la abuela.
En la época moderna diciembre se relaciona con tiempo de vacaciones, de descansar después del ajetreo de un año consumido por horas interminables de trabajo y obligaciones que cumplir. Para algunos es un tiempo de soledad y tristeza que no les gusta, y, para otros es un tiempo de reuniones, alegrías y sorpresas propias de la época.
Lo cierto es que la magia de esta época nos recuerda independientemente si creemos en Jesucristo o no, en una época de generosidad, de alegría y de reencontrarnos con el regalo de la vida. Es siempre la invitación a salir un poco de nosotros mismos y pensar en hacer una obra de caridad o de visitar a un familiar o amigo que no hemos visto desde hace mucho tiempo.
Esta época nos recuerda que es el momento perfecto para pausar, mirar hacia atrás y reconocer cuanto hemos crecido este año. Antes de perdernos en la emociones de las celebraciones, hagamos espacio para la gratitud: Por las lecciones aprendidas, las personas que nos sostuvieron y por todo lo que estamos empezando a construir.
¡Feliz Navidad!