Y no me refiero aquella relacionada con el género o la identidad personal. Me refiero a la identidad que se profesa, la identidad de lo que «se es». Y es que se puede perder o inclusive tal vez nunca encontrarse.
He sido uno de esos que piensan que es menester el encontrarla. No porque sea una tarea fácil, sino, al contrario, por que a veces es tarea sino de algunos años de muchos. Entre prueba y error.
Escritor a pulso, comunicador, multifacético. Hay quienes les resulta más fácil ese encuentro y de una manera milagrosa descubren su identidad. Esa que profesan desde una corta edad, en los años de juventud.
Algunos la profesan y no saben que lo hacen. Encontrar la identidad es satisfactorio. Es una respuesta al hecho de conocerse a si mismo y al mismo tiempo responderse a la pregunta ¿Quién soy? En el mundo que me rodea.
¿abogado? ¿escritor? ¿medico? ¿místico? ¿musico?
Encontrar la identidad también tiene un sabor a “realización” a lo que aporto al mundo. Y por que no decirlo, también representa una carta de presentación hacia la comunidad y la sociedad.
No por compromiso sino por el hecho de “ser”. No como persona sino de lo que “se profesa”.
Sigue buscando y si ya la encontraste, sigue trabajando para perfeccionarla, sin tregua alguna ¡Identidad!