Eran las 6:30 de la tarde de un sábado de primavera cuando ingrese a un hospital neuropsiquiátrico en una ciudad de Estados Unidos. No sabían que tenía. La mirada perdida, confusión en el habla y momentos prolongados de silencio sin responder a preguntas, alucinaciones visuales y auditivas y después de varios días depresión.
Poco sabían que mi estadía ahí se prolongaría por casi un mes. Conocí a personas realmente admirables que como yo sufrían de algún padecimiento mental grave como la esquizofrenia, la depresión crónica y la bipolaridad por mencionar algunos trastornos.
Mis días pasaron entre terapias ocupacionales, grupales, personales, descanso, supervisión psiquiátrica , relajación y apoyo espiritual
Poco sabían de que el diagnostico sería uno “esquizoafectivo” y sin cura de por vida.
Poco sabían que los daños colaterales serian la perdida de las funciones cognitivas, ejecutivas y de la concentración, esenciales para llevar una vida satisfactoria y “normal”.
Fueron 10 años de rehabilitación. ¡en el año 2020 sucedió el milagro! Volví a la vida gracias a una fe inquebrantable en Dios, un tratamiento integral y una red de apoyo solida de una familia y amigos que amo y que nunca me abandonaron.
El 10 de octubre de cada año se celebra el “Dia Mundial De La Salud Mental”. De acuerdo al ultimo sondeo de la Organización Mundial de La Salud (OMS) se estima que existen 970 millones de personas que sufren algún trastorno mental—como el trastorno de ansiedad, la depresión o la esquizofrenia—en el mundo.
Muchas de estas personas pasan desapercibidas o no reciben tratamiento por desconocimiento, falta de recursos o por falta de una red de apoyo. Y quienes lo tienen deben pasar años de tratamiento.
Algunas personas pierden la red de apoyo y terminan en la indigencia con un trastorno prolongado grave que no les permite valerse por sí mismas, no por una discapacidad física sino mental.
Con el diagnostico viene el desconocimiento de quien no sabe por obvias razones y a la par el estigma de la discapacidad para seres queridos, familiares y el paciente.
Romper el estigma a través de la difusión, conocimiento y conciencia de los trastornos mentales debería ser una meta compartida de toda la sociedad para devolver la dignidad al paciente y también para crear espacios abiertos para la convivencia y apoyo ocupacional.
A si que cuando te enteres de alguien que sufre haz algo por cambiar su situación. Y si te toca a ti ¡ten paciencia! Busca consuelo espiritual, apoyo médico , psicológico y a tu familia y ¡no te des por vencido! por que no hay mal que dure cien años…