No llega a pie a su destino. En varias ocasiones la he visto llegar en taxi. Vende dulces abajo del paso a desnivel. Entre venta y limosna pasan sus días.
En varias ocasiones la he visto leyendo algún libro y preparando su venta por las mañanas. ¡Ni el cansancio de los años ni las inclemencias del tiempo, ni mucho menos las vicisitudes de la vida la detienen! Camina despacio, pero confiada. Con el peso de los años.
En un cartel que tiene a la par de su silla y su venta de dulce se lee:
“Todo es pasajero, tómalo con calma, todo pasa, la vida sigue su curso, ¡ganaras! ¡animo si se puede! 83 años y sigo aquí.”
Al leer este mensaje al transeúnte le suben los ánimos, reflexiona y su mensaje genera confianza. Una confianza que está respaldada por el correr del tiempo, con la experiencia a cuestas.
Cuantas veces se puede pensar que nada cambiara, o que llevara una eternidad sobreponerse a esa situación incomoda de la vida. Y que decir, cuando la ansiedad o la falta de Fe nos toma por rehenes de nuestras miserias y debilidades.
Mientras eso pasa, ella lo toma con calma. Sabe perfectamente por experiencia que es vivirlo.
Pero no se queda ahí, comparte su sabiduría con almas en agonía, otras en alegría y algunas otras confirman sus palabras porque el correr de los años también les ha enseñado lo mismo. Todo esto en la vorágine de la gran ciudad.
¿Lección de vida, mensaje de optimismo y confianza o simplemente un recordatorio en el arte de vivir?