Hay etapas en la vida y amigos que la marcan. Todo comenzó en las aulas de un colegio. Esfuerzos y aspiraciones por encontrar la madurez y la independencia. Aprendices en la asignatura de la vida.
No todo quedo en el desenlace de esa etapa, sino que trascendió a una amistad y hermandad que ha durado toda la vida ya por muchos años. Y que muchas veces ha significado un encuentro para un café después de varios años de ausencia o un momento para dar un brindis y en los últimos años viajar.
Viajar y disfrutar los momentos especiales de la vida con aquellos con los que compartimos nuestra infancia y juventud es todo un deleite. No fue el primero sino otro especial en nuestra historia como exalumnos maristas.
¿Y qué conto el viaje? Pues que decir si los bemoles de la vida. Las alegrías, las angustias, los viajes personales, las aspiraciones en la madurez en medio de un sol radiante y en el mar donde la vida es más sabrosa.
Momento para regresar a las aulas del colegio, no por las asignaturas sino para volver a vivir aquellas “fregaderas” propias de la edad, pero ahora en la vida adulta. Un descanso al “las pretensiones de la vida”
Vinculo de cercanía, identidad colectiva, amistad de toda la vida, respiro en el correr de la vida, nostalgia de la madurez y esperanza del querer “vivir intensamente” un año más.
El curso de la vida continua pero la historia no se detiene, continua para contar más historias, ¡Y hacer espacio en la agenda para viajar y encontrarse de nuevo con los hermanos de toda la vida!
¡Viva el León Jodido!