No son pocas las ocasiones en que me escuchado decir “me equivoqué y ahora no se como reparar el daño” y con esta afirmación aparece una palabrita en diferentes escenas de la vida…la culpa.
Aparecen situaciones en la vida donde aparecen también frases como “no he sido suficiente con los que amo” o “no fui una buena hija o hijo o buen padre”.
Y aquí otra muy común y es el hecho de poner limites en la vida “si me voy abandono”. Y que decir de sentirse culpable por el pasado el cual no puedo cambiar.
Y es que la culpa tiene tres raíces según la psicología moderna: Proveniente del amor, el control y la identidad. Así pues, una “culpa sana me dice repara lo que puedas” en cambio “la culpa toxica me dice castígate para siempre”.
Actuar como la segunda afirmación conlleva un desenlace a veces no muy agradable y es cuando la culpa “paraliza”. Si la culpa me paraliza entonces mi vida no puede seguir en armonía ni me dejara seguir viviendo.
Para esto un buen ejercicio es practicar la autocompasión, que significa que soy humano y que me puedo equivocar y que el error es parte del aprendizaje en la vida y no una condena definitiva de mi valor como persona.
¡la vida es bella! Y debe continuar y en algún momento la culpa debería desaparecer y no paralizarme.
Si la culpa me paraliza reflexiono y me doy cuenta que ¡vale la pena vivir libre de culpas! y así seguir en esta hermosa aventura llamada ¡vida!