Ser rico no significa ser más feliz. Solamente es necesario hacer una búsqueda en internet de los países más felices del mundo para encontrar a países latinoamericanos entre los 50 países más felices, los cuales no son los más ricos ni de su región ni del mundo.
Costa Rica, El Salvador, Mexico y Guatemala se encuentran en esa lista por encima de muchos otros con condiciones de vida económica superior.
La pobreza no es sinónimo de infelicidad. El progreso en cambio puede traer mucho “bienestar económico” pero infelicidad. A veces en Latinoamérica una red de apoyo en la “familia” es mucho más significativo que un automóvil del año, pero en soledad y días interminables de trabajo.
O que decir del “tiempo” con que se dispone para realizar actividades en la comunidad o las tradiciones ricas en cultura, gastronomía o esparcimiento que no son un lujo. O un costo de vida bajo.
No me lo tomen a mal…con esto no quiero decir que ser «pobre” debe ser la regla. Prefiero ser prospero en lugar que rico. Y esto no necesariamente se mide con el cheque a fin de mes. Si pudiéramos ser prósperos y felices pues que mejor.
Por supuesto. Viviendo en un país rico. Sin embargo, paradójicamente las estadísticas muestran insatisfacción en muchas regiones del mundo no solo en países “pobres” sino también en países “ricos”.
En Latinoamérica el trabajo es importante pero no lo más importante en la vida. A veces por “decisión” otras porque no “hay otra” alternativa. A pesar de eso la gente encuentra felicidad en la simplicidad.
En una vida profundamente “religiosa y espiritual” o simplemente vive con la “esperanza” de lo mejor. Donde todo este hecho muchas veces se pierde el sabor de la vida y esa “esperanza” de un futuro mejor. Que esta muchas veces relacionada con la felicidad.
¡Así es la vida!