Los dos últimos libros que he leído y que han pasado por mis manos este año 2026 han sido no solo similares, sino que también con un profundo sentido de trascendencia.
El primero, el del capuchino Ignacio Larrañaga—la rosa y el fuego—autobiografía espiritual y el segundo una biografía de la Santa Madre Teresa de Calcuta.
Ambos libros muestran la culminación de una “misión” particular de ambos protagonistas.
El primero como fundador de Talleres de Oración y Vida (TOV)—organización de laicos de la iglesia católica, la cual esta presente en varios países del mundo.
En propias palabras de Ignacio, el mismo reconoce que en sus años de juventud dentro del seminario recibió ese “fuego” transformador—como le paso a Pablo de Tarso—que lo impulso a seguir el camino destinado para el por Dios.
Llama la atención que este llamado se dio en medio de conflictos no solo internos sino externos en la vida de Ignacio. Quien reconoce que la misión de llevar los talleres fue una obra muy lejana a su voluntad sino mas bien fue una obra de Dios, quien, según él, lo guio siempre.
Esta trascendencia se refleja en los miles de talleres que se imparten en todo el mundo cada año. Ignacio cuenta que en la cúspide de su misión acostumbraba trabajar en la obra encomendada muchas veces desde las cuatro de la mañana hasta entradas las diez de la noche donde muchas veces tenia que viajar por los diferentes destinos en el mundo.
La segunda obra que leí—la biografía de Santa Teresa de Calcuta—es muy similar. Un llamado particular a una persona en particular y con una misión trascendental particular. Fundadora de Las Hermanas De La Caridad.
Sin tanto empeño por parte de Teresa sino la consecución de la obra de Dios en su vida. Cuenta su biografía que el dedicarse por completo a la causa de los mas necesitados, vulnerables y abandonados de la sociedad (alcohólicos, drogadictos, indigentes, enfermos de sida y lepra, prostitutas y huérfanos) fue una obra que no se dio por trabajado remunerado sino por la caridad.
Los fondos para llevar a cabo la obra de Teresa siempre llegaron como bien ella lo dijo “por la providencia divina” con el consentimiento de La Iglesia católica y la protección de Dios.
Cabe mencionar que casi nunca—con excepción de dos acontecimientos de relevancia—las Hermanas de La Caridad, congregación fundada por Madre Teresa recibieron ni asaltos, ni atracos, ni robos, ni extorsión y mucho menos rechazo de estados, entidades y comunidades.
Siempre la puerta de entrada ha estado abierta para la congregación y con la protección divina inclusive en los lugares más difíciles y conflictivos del planeta. Haciendo de la obra más de seiscientos centros y hogares de la caridad en el mundo, todos viviendo de la caridad.
Mas que los afanes egoístas de nuestro tiempo, es bueno reflexionar acerca de la importancia de la “misión trascendental” en la vida donde los incansables deseos del “ego” no tienen cabida sino mas bien un llamado al servicio desinteresado, el cual trae sin lugar a dudas una satisfacción sin igual.
Las necesidades abundan y la “mies es mucha y los trabajadores pocos”
¿nos atrevemos a descubrir nuestra misión trascendental en esta vida ya sea en la juventud, vida a adulta o en la madurez en la vida?
Me palpita el corazón con el fuego del amor. Un amor trascendental. ¡Enviados!